Ana María envía este artículo escrito el pasado 29 de marzo por Kleber Gia Bustamante para su discusión. Buena lectura.
(Cualquier "parecido" con el proceso ecuatoriano, es una "mera casualidad”)
En estos días que se ha podido peregrinar por tierras bolivianas, a lo largo y ancho de este lindo país, escuchando y observando el testimonio transparente de su valerosa gente que se manifiesta a flor de piel, me atrevo a decir que comienzo a tener una visión nada ortodoxa de las condiciones políticas actuales en la nación boliviana.
El Pueblo boliviano, después de una corta Revolución Triunfante (1952), Fundamentalmente obrera y campesina, pasó al rol de Pueblo en derrota, a causa de la traición de un gobierno (Paz Estenssoro), de un partido, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) que prefirieron mantener el Estado neo-colonial.
En 1984-85 los bolivianos sufren otra nueva derrota, de manos del gobierno de Siles Suazo (MNR) y su ya ministro de Economía Gonzalo Sánchez de Lozada. El resultado del lanzamiento terrorista de la "bomba neo-liberal", todos lo sabemos: miles de mineros y trabajadores a la calle. Con este doble golpe buscaban desarticular al movimiento obrero, indio y popular (en especial la COB) para una libre aplicación del "consenso" de Washington. Buscaban eliminar el protagonismo de la clase obrera boliviana, de su conducción política. Indudablemente era un golpe contundente a la estrategia Revolucionaria de las masas bolivianas.
En este marco de crisis de las Organizaciones del Pueblo, los Pueblos Indios, los movimientos urbanos de pobladores tomarán formas, descubrirán elementos estratégicos nuevos que unidos a los valores ancestrales, se presentarán como un nuevo referente en la escena política boliviana.
Según nos relataron algunos protagonistas de esta Gran marcha de 13 años (Felipe Quishpe, Félix Cárdenas, Lucio Gonzáles, Jaime Solares, etc..., en sendas entrevistas), fue en el Congreso de la COB de 1998 cuando por primera vez el Movimiento Indio tenía presencia en la conducción política del verdadero Pueblo Boliviano. Después de un prolongado debate, por fin la Clase Obrera Boliviana, sus direcciones aceptaban que la Revolución Boliviana debía caminar "sobre dos patas": la Clase Obrera y los Pueblos Indios, Marx y la Cosmovisión Andina, la ciudad y el campo. En este Congreso estuvo Evo Morales Ayma con otros representantes cocaleros, que prefirieron retirarse de esta nueva propuesta de conducción política popular: La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia.
Con este breve marco referencial, el Pueblo Boliviano en los primeros años de este nuevo siglo, logró culminar su reestructuración, una gran victoria si se toma en cuenta la adversidad de las condiciones de dominación. La "guerra del agua", la "guerra del gas" expresan este proceso; igualmente, los últimos hechos: MAS, Evo Morales-García Linera- Victoria electoral. Si no son mirados en ese contexto mayor pierden objetividad histórica, para someterse a subjetividades antojadizas.
Estos hechos tienen su particular importancia, pero de ninguna manera son absolutos. La experiencia de 1952 que fue una verdadera victoria insurreccional político-militar, pasará a ser una experiencia traumática para las bases obreras, indias y campesinas; una verdad difícil de digerir: la revolución traicionada. Igualmente una “victoria electoral”, a otro nivel y con mayor vulnerabilidad podría estar plagada de “sorpresas” y “contrasentidos”.
Después de conocer las apreciaciones de varios dirigentes Indios, Obreros y Populares, de varios departamentos bolivianos, nos hemos dirigido a las entrañas de esa gran base social en el campo y las ciudades. Sin exagerar, quizá la expectativa mayor era poder compartir, mezclarse, penetrar en los espacios poblacionales (FEJUVE) de la capital política de Bolivia (según Félix Cárdenas), la ciudad de El Alto. Para amplios sectores su visión de conformar un cerco estratégico de masas sobre La Paz en el presente período es un objetivo vital. Sin exagerar creo que los "sofistas" y "filósofos" atenienses sentirían algo de celo sobre el cómo la Universidad de la pobreza, de la lucha en las calles haya podido dotar de tanta sabiduría política a multitudes, aparentemente tan poco "cultivadas". Es una ciudad que debate, que siente y vive el país; ésa es su identidad, compartir con el resto de hermanos pobres bolivianos. De todo lo escuchado, intentaré hacer una breve síntesis:
Para la gran base popular está claro que las "nuevas roscas" (Burguesía oligárquica boliviana, dependiente de las transnacionales, especialmente petroleras) tampoco lograron desarrollar IDENTIDAD, no pudieron conformar un país, una nación; es su gran fracaso histórico. Lo único que les identifica es el gran capital, por eso están solos. Desesperados intentan (copiando los ejes movilizadores del verdadero Pueblo Boliviano) construir a último momento su "Identidad Camba", su "Nación Camba", el "Pueblo Camba". Basta ver los firmantes de los comunicados de los Comités Cívicos, para confirmar que son nombres de la "próspera migración", de burgueses oligarcas y "desprevenidos" espacios de clase media y popular.(están en Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando)
Después de la derrota electoral, la élite boliviana juega sus últimas cartas: los Comités Cívicos, la Constituyente y las Autonomías, dependiendo de sus alianzas en el Parlamento, para evitar el cese de las Instituciones: civiles, militares a través de una Asamblea Popular Constituyente como lo han propuesto las Organizaciones que le dieron la victoria al MAS.
Para los bolivianos de a pié, el verdadero poder, la yugular de la "nueva rosca" está sostenida por las petroleras y la geo- política "gringa" para la región andina y que se concretiza además en los varios acuerdos económicos, políticos y militares.
De esta concepción del adversario, la gente después de estos dos meses de gobierno del Mas y su binomio: Morales-García Linera, comienza a preguntarse:
¿Porqué el gobierno del MAS prefirió "negociar" sólo una "reforma" de la Constitución (sólo un 20%, según declaraciones del Vice-presidente a Radio Fides), sólo la "gobernabilidad" de Bolivia con los Partidos Políticos Oligárquicos: PODEMOS (Tuto Quiroga), UN (Doria Medina), MNR (el Partido de Sánchez de Lozada), etc.? ¿Es táctico, es estratégico?
El 54% que votaron por el MAS priorizaron la Refundación del país, la Asamblea Popular Constituyente con poderes ilimitados, la construcción de otra sociedad sobre otros fundamentos. Entonces, porqué el MAS y su gobierno aceptaron un reglamento para la Constituyente y las Autonomías que ipso facto excluía a los Pueblos Indios, a la Clase Obrera, a los Movimientos populares urbanos que fueron los verdaderos protagonistas desarmados de los últimos acontecimientos decisivos de este proceso?.
¿Es una "nueva estrategia" del MAS consolidarse y hegemonizar como expresión "única" del Movimiento Popular Boliviano, olvidando que quizá lo más importante es consolidar la victoria electoral, hegemonizando e imponiendo condiciones sobre los verdaderos obstáculos de un proceso transformador? ¿Es esta "nueva estrategia" desde el poder que explica su acción agresiva para crear organismos paralelos a los ya constituidos en las bases bolivianas y que han demostrado coherencia con su posición antiimperialista, antioligárquica, de ninguna manera anti-MAS, anti-Morales?
¿Porqué se mantiene el discurso "Refundacional", cuando de antemano se sabe que por la Ley y Reglamentos para la nominación y elección de delegados a la Constituyente, el MAS no tendrá mayoría absoluta (tendría en el mejor de los casos 155 delegados, de un total de 244), condición sine qua non será posible los cambios estructurales? Entonces, quizá vendrán o ya están los "oscuros nubarrones" de las negociaciones, antesala de las clásicas "justificaciones".
¿Porqué se subordinó el gobierno del MAS a las presiones "autonomistas" de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando que han impuesto las modalidades "posibles" de autonomía, de acuerdo a sus privilegios? ¿Porqué el MAS no hace valer su autoridad que nace de la contundente victoria electoral, a qué se debe su debilidad extrema en este tema vital y estratégico? ¿Porqué Evo Morales y García Linera aceptan que la prefectura de Tarija firme contratos ESTRATEGICOS con las transnacionales y ante la Propuesta de Nuevo Estado con Autonomía que hacen los verdaderos Pueblos Originarios del Chaco, donde se encuentra el 80% de las reservas probadas de hidrocarburos y gas, el gobierno del MAS se "distrae" y traspasa esta importante decisión a la Constituyente, donde sabe que será extremadamente difícil una respuesta favorable?
¿En reiteradas ocasiones el gobierno del MAS se ha quejado de las conspiraciones de la Oligarquía y del Imperialismo, porqué no ha actuado con una clara estrategia de cortar el corazón del poder, o es que se resigna? Está bien cortar las ramas; pero el verdadero problema son el tronco y las raíces y las únicas defensas de la Oligarquía son: impedir por todos los medios una mayoría, imponer una modalidad de Autonomía que les perpetúe en el poder.
Finalmente, los excluidos de la Constituyente: Pueblos Indios, Obreros y Movimiento Popular urbano, siguen con detenimiento los pasos del gobierno y la Oligarquía. Desde luego preparan estrategias que permitan romper el muro de aislamiento que ha instalado la componenda del MAS y la "Oposición".
Ellos tienen toda la capacidad para constituirse en un Frente Independiente que con facilidad podrán convocar a una Asamblea paralela, verdaderamente Popular en defensa de sus intereses: Las Organizaciones Populares vislumbran ya niveles más altos de confrontación, de donde confían saldrán nuevas formas de poder, menos timoratas, más audaces.
Personalmente creo que la “estrategia desestabilizadora” está en marcha desde antes de la victoria del MAS, ahora se concretiza y el gobierno de Evo Morales-García Linera empieza a perder la iniciativa; por el contrario la Burguesía oligárquica boliviana empieza a utilizar todo, no solamente la “negociación”, sino hasta los últimos conflictos reinvindicativos de ciertos sectores que votaron por el MAS.
En este escenario, los atentados de La Paz, supuestamente de un “terrorismo neutro”(norteamericano) vengan del fundamentalismo “cristiano” a lo Pat Robertson, o del “carnicero” Negroponte, apuntan a la misma fuente estratégica. Las acusaciones sobre un supuestp fraude que estará preparando el MAS, (con asesoramiento cubano-venezolano) para alcanzar la mayoría en la Constituyente, apuntan a la misma dirección.
La quiebra de Líneas Aéreas Bolivianas (LAB) montada justamente con dedicatoria para el gobierno del MAS, obliga a enfrentarse a los trabajadores y empleados de la empresa con el gobierno. El paro anunciado por las organizaciones del transporte, las acciones que iniciarán los Jubilados y ancianos a las que se unirán la semana próxima el Magisterio boliviano y los trabajadores y empleados del Ministerio de la Salud, empiezan a recortar espacios de maniobra al gobierno del MAS.
Está claro que el afectado de esta ofensiva de desgaste táctico es el gobierno de E. Morales; pero lo que realmente preocupa a la reacción derechista boliviana y Washington es el alto nivel de conciencia y organización del Pueblo boliviano que no están atados al MAS y que son los verdaderos enemigos estratégicos; porque recordemos, mientras Washington exige transparencia política a los latinoamericanos, se reserva el lenguaje y las acciones de agresión y chantaje.
4.4.06
15.2.06
Bolivia 2006: la revolución anticolonial
por Alejandro Saravia
Una parte de la inmigración latinoamericana en el exterior, aquella que sigue de cerca los procesos de cambio como el boliviano, querrá ver en la victoria de Evo Morales (al igual que una buena parte de los medios de comunicación canadienses), por encima de todo, un viraje hacia la izquierda.
Esto porque una victoria del Movimiento al Socialismo, cuando se mira a Bolivia con los ojos del exilio – ya sea político, económico, cultural o sexual-, representa una victoria sobre los fantasmas del pasado; rompe en algo la distancia que nos separa. En Montreal, Madrid o Munich al final, una victoria socialista sabe tanto a buen mondongo colombiano, como a locro argentino; se la saborea como si fuera un buen anticucho peruano o un apetitoso thimpu boliviano.
Para los medios canadienses, colocarle a Evo Morales la etiqueta de "gobierno de izquierda" es a la vez un simplismo y una necesidad práctica. Así las redes de televisión como CTV, Global o TQS no tienen que pagar para que se investigue y explique a la población canadiense que la victoria del MAS es sobre todo el resultado de un proceso anticolonial y no solamente una victoria de la izquierda. Y está más verde que hoja de coca que los medios de comunicación canadienses hagan un esfuerzo coherente para explicar que la coca no es cocaína, que lo que Estados Unidos pretende erradicar con la prepotencia de su plan "Dignidad", avalado por la Oficina de Drogas y Crimen de Naciones Unidas, es un potente símbolo de identidad cultural de la población indígena, mayoritaria en Bolivia. Mientras Francia felicita al ganador de las elecciones bolivianas y Chirac recibe en París a Evo Morales, la prensa canadiense tampoco le ha pedido a Ottawa que explique ese sospechoso silencio frente a un nuevo gobierno boliviano democráticamente elegido.
La victoria de Evo Morales no es un triunfo de los documentos socialistas o de la ortodoxia tradicional de la izquierda boliviana. El antecedente de esta formación política, el Partido Socialista 1, fundado por Marcelo Quiroga Santa Cruz logró, en su mejor momento, alrededor de 100,000 votos en las elecciones de 1980. El esfuerzo fue noble, pero los votos fueron insuficientes. Esto dejó el campo abierto, por décadas, a esa pretendida izquierda llamada MIR, tan servil como saqueadora. El Estado bolivano cayó en las manos los magos del 21060 y la doble contabilidad como el MNR, en partidos obsecuentes con Washington, como la cleptocracia banzerista de ADN, que ahora se llama Podemos y cuya sigla la sabiduría popular convirtió en los muros del país de "Podemos" en "Robemos".
El MAS se llamó en su origen Movimiento al Socialismo – Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (MAS –IPSP). Esta organización surgió en el contexto del Primer Congreso Tierra y Territorio realizado en Santa Cruz en 1995 donde participaron la Central Sindical de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Central Sindical de Campesinos de Bolivia (CSCB), la Central Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB), la Federación Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia – Bartolina Sisa (FNMCB-BS) y otras organizaciones. (Shirley Orozco publica una breve historia del MAS en la Revista Barataria, marzo 2005).
En 1825 las élites criollas, aprovechando la carne de cañon de zambos, mulatos, mestizos e indígenas expulsaron a España del Alto Perú y fundaron Bolivia. Pero por 180 años quedó indemne la estructura colonial, esta vez al servicio de las ciudades capitales y sus sectores de poder. Para la población indígena el cambio no fue mayor. El racismo se convirtió en política de Estado y ellos siguieron siendo mitayos, pongos y repetes. O mineritos de sombríos días de socavón y noches de tragedia, o albañiles, aparapitas e imillas cama adentro. Sus formas de autorepresentación cultural, incluyendo las lenguas indígenas, no fueron –ni son- valoradas por la cultura oficial. En el mejor de los casos, se dan procesos de apropiación cultural.
Ante los desafíos y el inmenso nivel de expectativas a los que tiene que responder el MAS, quizá la etiqueta de "izquierda" acabe sofocando esa enorme aspiración de la población boliviana de tener un Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos que sea inclusivo, pragmático y flexible. Quizá Evo Morales sea un espejismo como lo fue Lucio Gutiérrez en Ecuador. Quizá el MAS acabe devorado por la propia izquierda boliviana, o ese milenarismo indigenista que cree que todo fue pan y rosas cuando todos eran indígenas y no había mestizos o blancos (que también son bolivianos) y proponen que hay que volver al pasado. O quizá sea su propia desorganización la que acabe con el partido vencedor en las pasadas elecciones. Enemigos externos no faltan. Los primeros son los ayatollahs de mercado en la Casa Blanca. Está el Pentágono y sus militares que llevan a cabo campañas de propaganda negra y desinformación. Están contra Evo muchos de los medios de comunicación en Bolivia. Le siguen los lluncus made in Bolivia, esa parte del sector empresarial que junto a las llamadas elites conservadoras bolivianas, son serviles para afuera, prepotentes para adentro, y que ya no podrá repartirse los fondos del Estado ni repartirse embajadas, ministerios o cuotas de poder. Pero sea cual fuere el destino de esta elección que llevó al MAS al gobierno, quienes en el exterior ven con ojos solidarios lo que está ocurriendo en Bolivia, harán bien en explicar que cuando la mayoría indígena llega, organizada en sindicatos, a ganar democráticamente las instituciones de administración del Estado, esto significa, con todos sus bemoles, una victoria anticolonial. Y de paso obliga a quienes usan gafas de izquierda para mirar a Bolivia no a renunciar a éstas sino a reinventarlas.
Una parte de la inmigración latinoamericana en el exterior, aquella que sigue de cerca los procesos de cambio como el boliviano, querrá ver en la victoria de Evo Morales (al igual que una buena parte de los medios de comunicación canadienses), por encima de todo, un viraje hacia la izquierda.
Esto porque una victoria del Movimiento al Socialismo, cuando se mira a Bolivia con los ojos del exilio – ya sea político, económico, cultural o sexual-, representa una victoria sobre los fantasmas del pasado; rompe en algo la distancia que nos separa. En Montreal, Madrid o Munich al final, una victoria socialista sabe tanto a buen mondongo colombiano, como a locro argentino; se la saborea como si fuera un buen anticucho peruano o un apetitoso thimpu boliviano.
Para los medios canadienses, colocarle a Evo Morales la etiqueta de "gobierno de izquierda" es a la vez un simplismo y una necesidad práctica. Así las redes de televisión como CTV, Global o TQS no tienen que pagar para que se investigue y explique a la población canadiense que la victoria del MAS es sobre todo el resultado de un proceso anticolonial y no solamente una victoria de la izquierda. Y está más verde que hoja de coca que los medios de comunicación canadienses hagan un esfuerzo coherente para explicar que la coca no es cocaína, que lo que Estados Unidos pretende erradicar con la prepotencia de su plan "Dignidad", avalado por la Oficina de Drogas y Crimen de Naciones Unidas, es un potente símbolo de identidad cultural de la población indígena, mayoritaria en Bolivia. Mientras Francia felicita al ganador de las elecciones bolivianas y Chirac recibe en París a Evo Morales, la prensa canadiense tampoco le ha pedido a Ottawa que explique ese sospechoso silencio frente a un nuevo gobierno boliviano democráticamente elegido.
La victoria de Evo Morales no es un triunfo de los documentos socialistas o de la ortodoxia tradicional de la izquierda boliviana. El antecedente de esta formación política, el Partido Socialista 1, fundado por Marcelo Quiroga Santa Cruz logró, en su mejor momento, alrededor de 100,000 votos en las elecciones de 1980. El esfuerzo fue noble, pero los votos fueron insuficientes. Esto dejó el campo abierto, por décadas, a esa pretendida izquierda llamada MIR, tan servil como saqueadora. El Estado bolivano cayó en las manos los magos del 21060 y la doble contabilidad como el MNR, en partidos obsecuentes con Washington, como la cleptocracia banzerista de ADN, que ahora se llama Podemos y cuya sigla la sabiduría popular convirtió en los muros del país de "Podemos" en "Robemos".
El MAS se llamó en su origen Movimiento al Socialismo – Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (MAS –IPSP). Esta organización surgió en el contexto del Primer Congreso Tierra y Territorio realizado en Santa Cruz en 1995 donde participaron la Central Sindical de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Central Sindical de Campesinos de Bolivia (CSCB), la Central Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB), la Federación Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia – Bartolina Sisa (FNMCB-BS) y otras organizaciones. (Shirley Orozco publica una breve historia del MAS en la Revista Barataria, marzo 2005).
En 1825 las élites criollas, aprovechando la carne de cañon de zambos, mulatos, mestizos e indígenas expulsaron a España del Alto Perú y fundaron Bolivia. Pero por 180 años quedó indemne la estructura colonial, esta vez al servicio de las ciudades capitales y sus sectores de poder. Para la población indígena el cambio no fue mayor. El racismo se convirtió en política de Estado y ellos siguieron siendo mitayos, pongos y repetes. O mineritos de sombríos días de socavón y noches de tragedia, o albañiles, aparapitas e imillas cama adentro. Sus formas de autorepresentación cultural, incluyendo las lenguas indígenas, no fueron –ni son- valoradas por la cultura oficial. En el mejor de los casos, se dan procesos de apropiación cultural.
Ante los desafíos y el inmenso nivel de expectativas a los que tiene que responder el MAS, quizá la etiqueta de "izquierda" acabe sofocando esa enorme aspiración de la población boliviana de tener un Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos que sea inclusivo, pragmático y flexible. Quizá Evo Morales sea un espejismo como lo fue Lucio Gutiérrez en Ecuador. Quizá el MAS acabe devorado por la propia izquierda boliviana, o ese milenarismo indigenista que cree que todo fue pan y rosas cuando todos eran indígenas y no había mestizos o blancos (que también son bolivianos) y proponen que hay que volver al pasado. O quizá sea su propia desorganización la que acabe con el partido vencedor en las pasadas elecciones. Enemigos externos no faltan. Los primeros son los ayatollahs de mercado en la Casa Blanca. Está el Pentágono y sus militares que llevan a cabo campañas de propaganda negra y desinformación. Están contra Evo muchos de los medios de comunicación en Bolivia. Le siguen los lluncus made in Bolivia, esa parte del sector empresarial que junto a las llamadas elites conservadoras bolivianas, son serviles para afuera, prepotentes para adentro, y que ya no podrá repartirse los fondos del Estado ni repartirse embajadas, ministerios o cuotas de poder. Pero sea cual fuere el destino de esta elección que llevó al MAS al gobierno, quienes en el exterior ven con ojos solidarios lo que está ocurriendo en Bolivia, harán bien en explicar que cuando la mayoría indígena llega, organizada en sindicatos, a ganar democráticamente las instituciones de administración del Estado, esto significa, con todos sus bemoles, una victoria anticolonial. Y de paso obliga a quienes usan gafas de izquierda para mirar a Bolivia no a renunciar a éstas sino a reinventarlas.
7.2.06
El nuevo rostro del Estado boliviano
Aquí va un artículo recomendado por Roxana. Publicado originalmente en Página 12 el 5 de febrero
CÓMO ES EL NUEVO GOBIERNO DEL LIDER INDIGENISTA EVO MORALES
Dos semanas de vértigo en Bolivia
por Pablo Stefanoni desde La Paz
Una ex empleada doméstica como ministra de Justicia, un ex cocalero como “zar” antidrogas, un indigenista que quiere que los diplomáticos hablen quechua y aymara fueron algunos de los rasgos de las primeras dos semanas de Evo Morales como presidente.
Las primeras dos semanas de gobierno de Evo Morales estuvieron cargadas de gestos, más o menos simbólicos, para reforzar la idea de “vuelta de página” con la que la izquierda quiere comenzar su gestión. A las tres ceremonias de asunción –incluida la más ritual, en Tiahuanacu– le siguió el nombramiento de la ex empleada doméstica –durante 18 años– Casimira Rodríguez a cargo de la cartera de Justicia –“antes era un lugar sólo de abogados, ahora también estamos los movimientos sociales”–, la designación del ex cocalero Felipe Cáceres como nuevo zar antidrogas y de un indigenista “duro”, David Choquehuanca, a cargo de la Cancillería. “Los diplomáticos deberían hablar quechua o aymara”, dijo poniendo los pelos de punta de las exclusivas “elites” diplomáticas, a las que amenazó con cerrarles la Academia Diplomática “por ser excluyente”.
Además, el presidente Evo Morales cumplió con la rebaja de salarios –57 por ciento para el presidente, que ganará menos de 2000 dólares y 50 por ciento para los parlamentarios– e impuso un ritmo de trabajo marcial: entra al Palacio a las 5 de la mañana y, a veces, antes. Y, en un gesto inédito, llevará a vivir a la residencia presidencial de San Jorge al vicepresidente y a los presidentes de ambas cámaras para “trabajar 24 horas por día”. Por otro lado, Morales removió a toda la cúpula militar y se saltó dos promociones sospechadas de haber participado en la polémica entrega de 28 misiles chinos HN-5 a Estados Unidos; nombró a un activista de derechos humanos, Sacha Llorenti, como embajador en Washington “para traer a Gonzalo Sánchez de Lozada” (para que responda por los 60 muertos de octubre de 2003) y está preparando una ley de convocatoria de la Asamblea Constituyente que “garantice” mayoría para los movimientos sociales e indígenas para “refundar” Bolivia.
Sin embargo, no todo será una “taza de leche” ni un camino lineal hacia el cambio. Los pasos del nuevo gobierno muestran las dificultades para resolver la ecuación entre utopía y realpolitik que ya debieron enfrentar otros gobiernos de izquierda que quisieron “cambiar el mundo desde el poder”. Evo Morales, con la cintura negociadora desarrollada en su actividad como sindicalista cocalero, lo sabe bien. Además, los movimientos sociales y sindicales están lejos de la imagen idealizada con que por momentos se los ve en el exterior.
A modo de ejemplo: el nuevo ministro de Trabajo, Santiago Gálvez Mamani, es un obrero, dirigente de la Federación de Fabriles que está a favor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Los fabriles realizaron incluso una masiva marcha, en alianza con los empresarios textiles el 23 de octubre pasado, que llegó hasta las puertas de la embajada estadounidense en reclamo de la firma del TLC, muchos de cuyos participantes provenían de la “combativa” ciudad de El Alto. Y, paradójicamente, el gobierno tiene como aliado “anti TLC” a un sector de los exportadores cruceños, principalmente de soja y, para consolidar esa alianza, se perfilan, por ejemplo, acuerdos con Venezuela y Libia para exportar soja y azúcar.
También el gobierno intentaría una alianza con sectores del capital “insolente”. La presencia en el gabinete del millonario “de izquierda”, Salvador Ric Riera, hijo de catalanes republicanos exiliados, iría por ese camino. Ric, que declaró un patrimonio personal de 40 millones de dólares, es un outsider entre las corporaciones empresariales cruceñas, y con su designación se busca, según una fuente cercana al gobierno, un acercamiento con sectores corrientemente perjudicados en las licitaciones financiadas por organismos financieros internacionales, por ejemplo, parte de la industria de la construcción made in Bolivia. También hay algunas “manchas” en el nuevo gabinete: uno de los ministros más cuestionados es el titular de Defensa, Walker San Miguel, “cupo” de alcalde paceño Juan del Granado, que se desempeñó como síndico de varias privatizaciones y parte del directorio del Lloyd Aéreo Boliviano, propiedad del empresario filomafioso Ernesto Asbún.
Para muchos, uno de los temas que definirá el rumbo del gobierno socialista será la licitación del Mutún –principal reserva de hierro y manganeso de Bolivia–, reclamada por los sectores empresariales cruceños y codiciada por varias empresas transnacionales. Morales se comprometió a dar luz verde a la licitación y sectores duros del gobierno como el ministro de Hidrocarburos, Andrés Soliz Rada, se opondrían, reclamando la modificación previa del Código de Minería. También se espera una definición sobre el tipo de “nacionalización” petrolera que impulsará la nueva administración.
La realidad es que, más allá del discurso soberanista del nuevo gobierno, muchos de sus proyectos deberán ser financiados por la cooperación internacional (“En mi viaje aprendí que ser un buen presidente es hacer buenos negocios”, dijo Morales a la vuelta de su gira mundial). Y el “capitalismo andino” propuesto por el vicepresidente Alvaro García Linera no deja de emparentarse al “capitalismo nacional” de antaño.
CÓMO ES EL NUEVO GOBIERNO DEL LIDER INDIGENISTA EVO MORALES
Dos semanas de vértigo en Bolivia
por Pablo Stefanoni desde La Paz
Una ex empleada doméstica como ministra de Justicia, un ex cocalero como “zar” antidrogas, un indigenista que quiere que los diplomáticos hablen quechua y aymara fueron algunos de los rasgos de las primeras dos semanas de Evo Morales como presidente.
Las primeras dos semanas de gobierno de Evo Morales estuvieron cargadas de gestos, más o menos simbólicos, para reforzar la idea de “vuelta de página” con la que la izquierda quiere comenzar su gestión. A las tres ceremonias de asunción –incluida la más ritual, en Tiahuanacu– le siguió el nombramiento de la ex empleada doméstica –durante 18 años– Casimira Rodríguez a cargo de la cartera de Justicia –“antes era un lugar sólo de abogados, ahora también estamos los movimientos sociales”–, la designación del ex cocalero Felipe Cáceres como nuevo zar antidrogas y de un indigenista “duro”, David Choquehuanca, a cargo de la Cancillería. “Los diplomáticos deberían hablar quechua o aymara”, dijo poniendo los pelos de punta de las exclusivas “elites” diplomáticas, a las que amenazó con cerrarles la Academia Diplomática “por ser excluyente”.
Además, el presidente Evo Morales cumplió con la rebaja de salarios –57 por ciento para el presidente, que ganará menos de 2000 dólares y 50 por ciento para los parlamentarios– e impuso un ritmo de trabajo marcial: entra al Palacio a las 5 de la mañana y, a veces, antes. Y, en un gesto inédito, llevará a vivir a la residencia presidencial de San Jorge al vicepresidente y a los presidentes de ambas cámaras para “trabajar 24 horas por día”. Por otro lado, Morales removió a toda la cúpula militar y se saltó dos promociones sospechadas de haber participado en la polémica entrega de 28 misiles chinos HN-5 a Estados Unidos; nombró a un activista de derechos humanos, Sacha Llorenti, como embajador en Washington “para traer a Gonzalo Sánchez de Lozada” (para que responda por los 60 muertos de octubre de 2003) y está preparando una ley de convocatoria de la Asamblea Constituyente que “garantice” mayoría para los movimientos sociales e indígenas para “refundar” Bolivia.
Sin embargo, no todo será una “taza de leche” ni un camino lineal hacia el cambio. Los pasos del nuevo gobierno muestran las dificultades para resolver la ecuación entre utopía y realpolitik que ya debieron enfrentar otros gobiernos de izquierda que quisieron “cambiar el mundo desde el poder”. Evo Morales, con la cintura negociadora desarrollada en su actividad como sindicalista cocalero, lo sabe bien. Además, los movimientos sociales y sindicales están lejos de la imagen idealizada con que por momentos se los ve en el exterior.
A modo de ejemplo: el nuevo ministro de Trabajo, Santiago Gálvez Mamani, es un obrero, dirigente de la Federación de Fabriles que está a favor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Los fabriles realizaron incluso una masiva marcha, en alianza con los empresarios textiles el 23 de octubre pasado, que llegó hasta las puertas de la embajada estadounidense en reclamo de la firma del TLC, muchos de cuyos participantes provenían de la “combativa” ciudad de El Alto. Y, paradójicamente, el gobierno tiene como aliado “anti TLC” a un sector de los exportadores cruceños, principalmente de soja y, para consolidar esa alianza, se perfilan, por ejemplo, acuerdos con Venezuela y Libia para exportar soja y azúcar.
También el gobierno intentaría una alianza con sectores del capital “insolente”. La presencia en el gabinete del millonario “de izquierda”, Salvador Ric Riera, hijo de catalanes republicanos exiliados, iría por ese camino. Ric, que declaró un patrimonio personal de 40 millones de dólares, es un outsider entre las corporaciones empresariales cruceñas, y con su designación se busca, según una fuente cercana al gobierno, un acercamiento con sectores corrientemente perjudicados en las licitaciones financiadas por organismos financieros internacionales, por ejemplo, parte de la industria de la construcción made in Bolivia. También hay algunas “manchas” en el nuevo gabinete: uno de los ministros más cuestionados es el titular de Defensa, Walker San Miguel, “cupo” de alcalde paceño Juan del Granado, que se desempeñó como síndico de varias privatizaciones y parte del directorio del Lloyd Aéreo Boliviano, propiedad del empresario filomafioso Ernesto Asbún.
Para muchos, uno de los temas que definirá el rumbo del gobierno socialista será la licitación del Mutún –principal reserva de hierro y manganeso de Bolivia–, reclamada por los sectores empresariales cruceños y codiciada por varias empresas transnacionales. Morales se comprometió a dar luz verde a la licitación y sectores duros del gobierno como el ministro de Hidrocarburos, Andrés Soliz Rada, se opondrían, reclamando la modificación previa del Código de Minería. También se espera una definición sobre el tipo de “nacionalización” petrolera que impulsará la nueva administración.
La realidad es que, más allá del discurso soberanista del nuevo gobierno, muchos de sus proyectos deberán ser financiados por la cooperación internacional (“En mi viaje aprendí que ser un buen presidente es hacer buenos negocios”, dijo Morales a la vuelta de su gira mundial). Y el “capitalismo andino” propuesto por el vicepresidente Alvaro García Linera no deja de emparentarse al “capitalismo nacional” de antaño.
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